sábado, 9 de abril de 2011

Y el mundo es más que un palmo de tierra entre mar y ciénaga.

Bitácora del Equipo Girón Rebelde
Miércoles 9 de abril.

Wilfredo  Sobrino Moreira, nació en el  poblado de Cocodrilo, en pleno corazón de la Ciénaga de Zapata. Huérfano a los doce años, vivió el encierro, sufrimientos y privaciones de los habitantes de esa región.
“Mis juguetes  -comenta mientras se frota las manos y pierde su mira en el pasado- no pasaron de un caballito de madera, andar tras los pájaros, pescar entre riscos, jejenes y mosquitos y aceptar el sufrimiento de mi madre ante la muerte de mis tres hermanos. Así, uno tras otro.”
“Hoy me duele pensar en  la ignorancia y el dolor con las que se vivían en esos tiempos  y le agradezco infinitamente a mi madre el haberlos disimulado lo más que pudo. No sé si sería por evitarnos esos momentos, o por simple aceptación de que esa era la realidad y nada se podía cambiar.”
Wilfredo Sobrino, de baja estatura,  recia  constitución y manos nervudas y seguras en el bregar de la vida, como evidente muestra de haber sido moldeado por el pantano y además, haberle sobrevivido, nos confiesa: “Pero un día enferma gravemente  uno de mis hermanos  y, siendo  un chiquillo de apenas siete años; mi madre, desesperada, agobiada, hace esa promesa, terrible promesa para mi, que consistía en  venderme por cinco centavos y hacerme llevar el pelo largo hasta los diez años”
“Nunca me atreví a cortarme el pelo, porque por fortuna; mi hermano mejoró. En aquel momento lo vi como un milagro, algo  imposible. Luego comprendí, también con dolor,   que no era más que ignorancia profunda y lamentable.  Mi madre,  que también había hecho otra promesa, caminó a solo unos días del parto de mi último hermano, 15 kilómetros entre pantano y  terraplenes.”
Wilfredo hace un alto en nuestra conversación y  fija su mirada al suelo, como si buscase la palabra indicada, o quizás temiese entreabrir la ventana de  los recuerdos de su infancia y me dice: “mira,  resulta que cuando tenía 12 años,  mi padre muere y me llevan a Jagüey Grande, entonces descubro que el mundo es mucho más que el palmo de tierra que había en el poblado de  Cocodrilo entre el mar y el pantano. Con doce años y sin saber escribir y mucho menos leer, descubrí el alumbrado eléctrico y eso me espantó, porque para mí, el mundo era todo lo que teníamos en la Ciénaga de Zapata.

1 comentario:

  1. Muy interesante este trabajo, esas historia son de las que vale la pena conocer y publicar

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